Todas las casas están llenas de recuerdos impresos en papel, estos son instantes olvidados por nuestra memoria cotidiana que por una razón u otra nos empeñamos en querer recordar, y para ello las colgamos en paredes o las ponemos en variados porta retratos que inundan las superficies horizontales de la casa. Yo me niego a vivir rodeado de emociones, cada vez que miro una foto me siento alegre, triste o aliviado. Si tengo la sensación de alivio es que todo mejoró respecto a esa instantánea, esta sensación es agradable y nos suele llevar a valorar el momento actual que vivimos, entablamos un diálogo con nosotros mismos para convencernos de lo bien que enderezamos la situación, “le eché narices al tema, mira que si no lo llego a hacer, que sería de mí ahora, bien hecho campeón”.
También puede que encontrarte con un retrato te lleve a recordar momentos no muy gratificantes, por qué nos empeñamos en poner fotos de personas ausentes, de mascotas que nos abandonaron o de compañeros que fueron especiales pero que ya no forman parte de nuestra vida. Acaso necesitamos tener permanentemente pruebas de todo nuestro pasado para saber quienes somos, que hemos hecho y que no queremos volver a hacer. No olvido a quien compartió su tiempo con el mío, no renuncio al recuerdo del amigo que me acompañó en cada momento de mi niñez y juventud, pero no necesito encontrarme con una fotografía para añorarle, cada lugar por el que paso lo compartimos antes los dos y cada objetivo que alcanzo se lo dedico a él. No veo su imagen ante mí diariamente, pero su rostro permanece fresco e inalterable en mi cabeza, le siento como si la locura del día a día no nos permitiera vernos o sí el trabajo de su vida le obligase a viajar permanentemente, pero ambos sabemos que nos tenemos para lo que necesitemos.
Más sensaciones, más sensaciones, somos como botes de conservas llenos de sentimientos que unos mantienen cerrados a cal y canto mientras que otros disponemos de un sencillo abre fácil para que todo aquel que nos muestre cariño y atención pueda darse un atracón a nuestra costa. Reparto amor, cariño, cuidados, todo ello a buen precio, no soy una prostituta pero sí que doy para recibir. No te conformes con un retrato te ofrezco el original, para qué me quieres en una fotografía si con solo silbar me puedes tener, prohibiría los recuerdos para obligar a todo el mundo a ejercitar la mente, el que quiera sentir a alguien tendrá que esforzarse por hacerlo, nada de chuletas que nos faciliten emocionarnos, que tengamos que buscar en nuestro interior todo lo que nos hizo querer a alguien u odiarlo, seguro que os sorprendéis de lo bonito que resulta y lo bien que os sentís por dedicar al pasado más tiempo que una simple mirada a una foto.
Ahora vamos a hacer un ejercicio de imaginación, coge una foto de alguien a quien quieras y siente lo que fueron los primeros meses, recuerda esto que describo……..Me enamoro y no puedo dejar de buscar todo aquello que me haga estar cerca de ella, busco lo que huela a ella, miro nervioso el teléfono esperando que llame y si veo un gesto de cariño entre una pareja me imagino con ella. Cuando estas en ese momento de absoluto éxtasis, en que nunca logras bajar de la nube, todo es especial, tú eres especial piensas que la gente te mira diciendo “que tío más especial”, tu pareja es más de lo que te mereces, haces locuras que muestran lo feliz que te sientes y podrías batirte en duelo si la situación lo requiere. Cada lugar por el que pasas agarrado de su mano es un escenario de tu película de amor preferida. Pero que me está pasando, de repente dejo de flipar por las calles, ya no floto por el cielo, los escenarios cotidianos se han convertido en simples calles llenas de suciedad y de gente estresada, y ahora qué ¡ a buscar otra vez las sensaciones con otra ¡, noooooooooo. Pues claro que nó, que clase de persona eres te dedicas a vivir la vida o es que estás enganchado a sustancias tóxicas, tu pareja sigue siendo especial pero por una cuestión de supervivencia tienes que volver a la normalidad, no se puede vivir con cara de atontado toda la vida, te echarían del trabajo, los amigos te dejarían de hablar, serías insoportable, en este caso la sensación que te produciría ver una fotografía sería perjudicial para tu equilibrio emocional. Para qué mirar una foto si puedes amar y atender a tu compañer@, que vas a recordar lo especial que fueron los primeros días, sigue haciendo que cada día sea especial pero con los pies en el suelo y con la plena consciencia del que ama voluntariamente, que un retrato no te haga sentir que nunca será como entonces, será tan especial como tú estés dispuesto a hacerlo, déjate de lamentaciones.
Sitúate, te pones cómodo en casa ante un recuerdo muy especial, o al menos así lo crees, comienza a pensar en lo que significa, piensa en voz baja, asegúrate de que no te engañas debe tener un significado muy unido a tu pasado sentimental, algo como por ejemplo………..”Paso más tiempo del que puedo recordar observando ese cartel, tiene un significado muy especial para mí, es el mejor recuerdo que pudimos traer de ese viaje. Su historia estaba adornada por lo emotivo del momento, todo comenzaba entre nosotros y la locura que acompaña todo nuevo amor la enfocamos en conseguir nuestro trofeo. Era un dibujo muy típico, un ángel tocando una bandolina, una obra del renacimiento italiano mil veces copiada en postales y carteles publicitarios pero el nuestro era especial lo encontramos colgado en la fachada de la que fue la residencia del poeta florentino Dante. Nos costó casi una tarde decidirnos a robarlo, emocionados como ladrones de arte, la adrenalina no nos dejaba parar de reír y de decir tonterías que nos ayudaban a soltar los nerviosos. Mientras lo observaba colgado en nuestra habitación podía sentir la sobredosis de sensaciones que nos produjo ese momento, cuanto más tiempo lo miraba más me acercaba a lo vivido ese día, como corrimos tras cogerlo de la pared, la risa nerviosa que acompañaba cada frase posterior al robo, todo era divertido, ¡que experiencia!. De vuelta a Madrid tardamos bastante tiempo en enmarcarlo y colgarlo, pero, ¡¡qué bonito queda!!, reconozco que el marco rosa en un principio me pareció excesivo pero he de darle la razón, es perfecto, es perfecto, el qué es perfecto, el marco o la historia, con qué nos quedamos, las sensaciones primeras o las reflexiones finales. Yo lo tengo claro, si no estoy con ella mirándolo y comentando el momento para poder reírnos no tiene gracia, no me sirve de nada el cartel si no la tengo a ella, que quiero ¿una aventura estupenda de una tarde para contar a los amigos? o ¡una vida entera que con ella que llenar de momentos especiales!. Fuera cartel, así solo me acordaré de ese momento cuando estemos juntos, malditos recuerdos de papel, que empeño en llenarlo todo de trocitos del pasado.
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